el mimo
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de mimos y clowns MIMAME
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El
mimo es una forma dramática de carácter
popular que surge en la Antigüedad
Griega, que suele tener carácter
realista y, fundamentalmente, satírico.
Tiende a la personificación, a la
tipificación de los personajes, y
utiliza a menudo la improvisación,
la imitación de animales y elementos
acrobáticos. Posee formas literarias
que aparecen hacia el siglo v a.C. en Siracusa
con Sofrón y Epicarmus.
El
mimo influiría y conformaría
la Comedia Griega Antigua. Las compañías
de mimo gozaron de gran popularidad, no
sólo en Grecia sino también
en Roma. La Iglesia excomulgaría
estas compañías en el siglo
v d.C.
Por mimo se entiende no sólo la forma
dramática que no utiliza las palabras,
sino también el actor que la desarrolla.
El mimo también es conocido con el
nombre de pantomima y suele confundirse
con todas las formas de teatro popular y
muy especialmente con la Commedia dell'Arte,
con el Circo y el Music-hall. Pero cada
vez se tiende más a definir estéticamente
el arte del mimo y la
pantomima.
Como muy acertadamente afirma Jean-Louis
Barrault, se nos educa de una manera muy
incompleta. Se nos enseña a escribir,
se nos enseña, aunque mucho menos,
a hablar, pero no se nos enseña a
movemos y a utilizar la complejidad expresiva
de nuestro cuerpo. No tenemos noción
de lo que puede representar el gesto; por
tanto, no pode mos apreciar el arte que
deriva del gesto: la pantomima,
tan vieja como la humanidad misma. Si llegamos
a apreciar la danza es porque hacemos una
trasposición, pues la danza es al
gesto lo que el canto es a la dicción.
Esta situación se ve empeorada porque
el hombre, hasta el siglo XX,
no ha sabido encontrar un elemento que le
sirviera para fijar y recordar el lenguaje
de expresión corporal. La palabra
ha sido fijada y ha permanecido a través
de los tiempos gracias a la escritura. La
escritura tiene la maravillosa
cualidad de poder dar vida de nuevo a palabras
que ya nadie emplea. Hoy día gracias
al cine y la fotografía, tenemos
un instrumento adecuado para conservar la
realidad efímera del gesto.
Es un hecho que nosotros no tenemos ningún
conocimiento del gesto y que hemos perdido
el instinto de ese gesto. Debemos reexaminarlo
y pedir para nuestra educación una
intensa revalorización de ese gesto.
Y de la misma manera que el teatro tiene
como misión conservar la lengua hablada,
por oposición a la llamada lengua
escrita, debemos encargar a este mismo teatro
la misión de conservar el gesto.
Así pues, si la tragedia conserva
la palabra
viva, la pantomima y el mimo corporal conservarán
el gesto.
gesto, tomado en el sentido más amplio
de la palabra. Es la recreación de
la vida por el gesto. Dice Barrault que
"gracias a nuestra tenacidad y a esta
clase de paciencia revolucionaria que da
la fe profunda, el gusto por la pantomima
parece volver y ya podemos decir que la
revolución colectiva de la pantomima
ha llegado y que de aquí a unos años
este arte volverá a ocupar su verdadero
lugar"
Pantomima y mimo corporal no son sino el
arte del gesto. Pero existe una diferencia
entre la pantomima antigua y el mimo corporal
moderno. Mientras la pantomima antigua es
un arte mudo, el mimo es un juego silencioso.
La pantomima antigua añadía
a la acción propiamente dicha un
subrayado, con un exagerado lenguaje de
gestos. El mimo moderno es acción
en sí mismo, y puede llegar a conseguir
y alcanzar la categoría clásica.
Este
mimo moderno se puede dividir en subjetivo
y objetivo. En el objetivo los objetos son
imaginarios, se crea presencia del objeto
mediante la perturbación muscular
producida por el cuerpo del mimo, igual
que si el objeto existiera en realidad.
Por ejemplo, el mimo creará la presencia
de un saco pesado encorvando el cuerpo,
sudando arrastrando los pies como si en
realidad llevara un saco, piedras en su
espalda. Se llega a conseguir esta capacidad
de suscitación de objetos mediante
una ejercitación durísima
y complicada del cuerpo. Especialmente estudiando
los problemas del contrapeso. El mimo objetivo
emparenta directamente con la pantomima
antigua y tradicional.
El
mimo subjetivo expresa corporalmente estados
de ánimo. Es una actitud metafísica
del hombre situado en el espacio. El mimo
subjetivo está muy cerca de la actitud
ritual característica del actor oriental,
tan cercano a la mágica proyección
del sacerdote. También está
muy cerca de la rígida y estereotipada
plástica de la tragedia griega. Uno
de sus temas fundamentales es el estudio
de la muerte y la angustia del saberse arrojado
a un mundo que hay que estructurar y hacer
más habitable. El miedo de lo otro
es la primera afirmación del mimo
objetivo. El hechicero de las tribus primitivas,
aún existentes hoy día, está
muy cérca del mimo subjetivo. Pretende
ser un domador del misterio, un iniciador
a los caminos de lo desconocido.
En el mimo subjetivo el gesto acaba siendo
poesía. Su gesto no crea, por lo
tanto, el objeto, sino un clima de tensión
emotiva.
Para comprender el problema de la expresión
por el gesto quizá sea conveniente
hacer un poco de historia. Los primeros
mimos fueron los Sycionianos. Actuaban sin
máscara y se ensuciaban la cara con
sebo, al que adherían trozos de corteza
y papiros cortados. Los mismos Ithyphalos
llevaban máscaras y representaban
al hombre como fuerza continuadora de la
especie. En Grecia pronto actuaron sin máscara
y en Roma sustituyeron la máscara
por el sombrero. Introdujo la máscara
en Roma un mimo llegado de la Galia, Roscio,
que utilizó la máscara para
esconder un ligero estrabismo. Entre el
sombrero y la máscara ganaría
ésta última por influencia
griega.
El mimo proviene de la más remota
antigüedad. Homero calificó
el arte del mismo de irreprochable. Quintiliano
dice que este arte nació en los tiempo
heroicos. Plutarco lo asocia a las danzas
de Apolo. Casiodoro lo identifica con la
musa Polimnia.
En tiempo de Esquilo hubo un mimo muy célebre
llamado Telestes que se especializó
en imitar, mimando hasta el último
matiz. Los siete contra Tebas.
Platón, Aristóteles, Xenofonte,
Herodoto hablaron de él con estusiasmo.
Luciano dijo que el origen del mimo se remonta
a los tiempos de la creación de todas
las cosas. Es tan antiguo como el amor,
el más antiguo de los dioses.
Según parece, el hombre primitivo
se expresaba con los quejidos de su voz
y las contorsiones de su cuerpo, utilizando
una síntesis muy próxima a
la música. Entendiendo por música
la mescolanza mágica de poesía,
canto y danza. En su origen, pues, el hombre
se expresa totalmente, afirma su estar en
el mundo cantando, danzando y hablando al
mismo tiempo. Y danza significa en este
momento, como dice Platón, la imitación
de todos los gestos y de todos los movimientos
que el hombre puede hacer.
A medida que el hombre va afianzando su
estar en el mundo va aprendiendo a especializar
su expresión. Con esta especialización
saldrá el mimo. Es un proceso paralelo
al que seguirán los géneros
literarios. En un principio la epopeya,
véase Hornero, englobaba todos los
géneros. Con la madurez cultural
de pueblo griego aprenderán a independizarse
de la epopeya, la poesía, el teatro
y la filosofía.
Plutarco habla del gesto como de una poesía
muda y de la poesía como una danza
que habla. Para que el gesto se separe de
lo declamado será necesario un accidente.
Hacia el año 514 de Roma, Livio Andrónico,
griego de origen, compuso una acción
dramática total en la que mezclaba
poesía, música y "saltación"
o arte de hacer gestos. Livio Andrónico
representaba él mismo su acción
dramática, hasta que llegó
a perder la voz; entonces solicitó
permiso para que un joven esclavo recitara
el poema mientras él subrayaba con
gestos las palabras de la acción.
Esta fortuita innovación tuvo tal
éxito que desde entonces toda acción
dramática se mimaba y se decía
utilizando dos actores. De aquí surge
la palabra "pantomima", que quiere
decir el que lo imita todo o imitador universal.
Después de Livio Andrónico
los imitadores de todo actuaron siempre
solos y se ayudaban con máscaras
y cambios de vestido. Es ya un arte mudo
que, utilizando el cuerpo, parafrasea acciones
y discursos célebres.
El
emperador Augusto vio en los mimos, aquellos
hombres de manos sabias que sabían
utilizar un lenguaje basado en el silencio
y en la elocuencia del gesto, unos posibles
unificadores de su imperio. Le preocupaba
a Augusto la multiplicidad de lenguas de
su imperio y pensó que con los mimos
podría crear una especie de lenguaje
universal que pudiera servir para establecer
lazos de unión entre las diferentes
naciones a él subyugadas. Por esto
durante su imperio los mimos tuvieron todo
tipo de consideración y ayuda. No
estaban sometidos al juicio de los magistrados,
solían tener cargos sacerdotales.
Todos eran muy ricos y sólo el emperador
podía disponer de ellos.
Hubo
dos mimos famosísimos, Pílades,
de Sicilia, y Batilo de Alejandría.
Pílades era un mimo trágico
y Batilo cómico, y había entre
ellos una gran rivalidad. Después
de una gran pelea entre ellos, con el consiguiente
escándalo
ciudadano. Augusto reconvino a Pílades,
y éste le dijo:
"César, te interesa que el pueblo
se divierta con nuestras querellas, así
les impides que se fijen en tus acciones".
La
pantomima romana continuó hasta muy
tarde. En el 546, después del saqueo
de Roma, se fue vulgarizando y quedó
sólo como expresión, a menudo
obscena, del pueblo y sus fiestas.
En el Concilio de Toledo del año
589 se prohibió una de sús
manifestaciones: la saltación llamada
balimaquía.
En la Edad Media vuelven a surgir los mimos
y los histriones, pero no con carácter
especializado. Luego los mimos prácticamente
se confunden con el fenómeno de la
Commedia dell'Arte. En el siglo xix volverán
a resurgir y Jean Gaspar Deburau (1796-1846)
volverá a implantar la pantomima
como una manifestación escénica
muda. Deburau se especializó, como
ya hemos dicho, en el personaje de Pierrot.
La pantomima dará su canto del cisne
con el cine sonoro, en el que, a pesar de
todo, algunos actores mantendrán
marcadas características pantomímicas
en su actuación, como por ejemplo
Danny Kaye (1913) y, sobretodo, Jacques
Tati (1908), ambos provenientes del mundo
de los fantasistas, del cabaret y del Music-hall.
La aportación más importante
que ha hecho el siglo XX al arte del mimo
ha sido la de Etienne Decroux(1898). El
ha intentado divorciar el mimo del teatro,
creando el
mimo estatuario. De su escuela han salido
los mimos más famosos de la actualidad,
Jean Loúis Barrault y Marcel Marceau,
que han vulgarizado las teorías de
su maestro.
Hoy en día, el mimo corporal, como
le llamaba Decroux, se encuentra ante un
inmenso campo de posibilidades.
Es un arte genuinamente teatral, basado
en el atenazante valor y fuerza del silencio.
Es un arte válido para expresar ideas
abstractas por vía intuitiva y visual.
Puede utilizar toda la larga tradición
de la pantomima, de la que ha surgido, y
también del teatro hablado.
En una ortodoxia rigurosa no debe servirse
nunca de la música, aunque a menudo
los-mimos modernos se sirvan de ella para
dar más intensidad a lo expresado.
El mimo corporal, repetimos, nace del silencio
y sólo fundándose
en él, se justifica como arte independiente
de las otras artes escénicas; pero
es ante todo imagen, imagen proyectada en
el espacio y el tiempo por medio de una
difícil teoria de ritmos. Es imagen
directa en función de otras imágenes
que recoge toda la fuerza dialéctica
del teatro hablado. Y entendemos la dialéctica
en el sentido socrático, como aquella
ciencia que pretende introducir al hombre
en ll
verdadera esencia de las cosas mediante
graduadas clasificaciones de los conceptos.
En la pantomima los conceptos son los símbolos.
Símbolos que al unirse y estar unos
en función de otros crearán
una simbólica como en el Nój
en el Kabuki, que harán más
patentes y más desveladas imágenes.
Estas imágenes llamarán la
atención del espectador y le obligarán
a participar en lo que se le explica el
escena. El mimo moderno está a medio
camino del cine, del teatro, pero el mimo
exige una participación del público
más directa y brutal. En el mimo
corporal el hombre de la calle se siente
subyugado por lo que hay de misterioso en
la imagen y quiere ir adivinando la simbología
con que se le explica la historia. Participa,
por tanto, activamente en la representación.
El mimo corporal es un arte de raiz popular
y no es de extrañar que los únicos
teatros populares que hoy existen en Occidente
utilicen el mimo corporal aplicado.
El antiguo teatro de la Cité de Villeurbanni
hoy Teatro Nacional Popular, el Piccolo
Teatro, el Berliner Ensemble se sirven de
él, aunque no han llegado ala madurez
conseguida por la Opera Nacional China Quizá
el mimo corporal podrá jugar en las
sociedades futuras, en las que toman cada
vez más relieve núcleos lingüísticos
reducidos, el papel de lenguaje expresivo
Ínternacional, como soñaba
Augusto. No es de extrañar, pues
que lonesco, Beckett y otros autores de
vanguardia escriban para el mimo corporal.
Etienne Decroux es, aparte del mimo por
excelencia del siglo XX, uno de los mejores
maestros de la interpretación pantomímica
y del arte de la interpretación en
general. A pesar de que los diccionarios
y las historias del teatro al uso le olvidan,
su nombre es admirado por todos los profesionales
del teatro, por su rigurosa capacidad de
reestructuración estética
de la pantomima. Ha dado cursos en las escuelas
más importantes de teatro de Europa
y América: la del Piccolo Teatro
de Milán, el Actores Studio y el
Drammatic Workshop de Nueva York. Su libro
Paroles
sur la mime (1963) es la expresión
teórica de su trabajo.
Como muy acertadamente ha afirmado Jean
Do rey en el libro A la recontre de la Mime
el des mimes Decroux, Barrault. Marcean
(1958): "El mimo, género nacido
en Francia, se propaga en el mundo entero.
¿Se puede prever su futuro? ¿Es
suficientemente vigoroso para sobrevivir
a aquellos que lo han creado? La inquietud
se apodera del observador que se da cuenta
de una cierta complacencia y una tendencia
a emplear elementos extraños al género.
La manera según la cual Marceau,
por ejemplo, se sirve de la música
en sus obras recientes, es para nosotros
una desviación. La música
ya no queda en la sombra, va más
allá de su papel (ruidos, fondos
sonoros); se convierte en un elemento tiránico
que acaba encadenando el movimiento.
De ahí que el mimo se deslice hacia
el terreno del bailarín y, en esta
competición, siempre será,
en principio, ganado por este último.
Para que el género pueda seguir sobreviviendo
nos apoyaremos siempre más en la
escuela de Etienne Decroux que en los éxitos
del realizador Marcel Marceau. Pero incluso
si damos acceso al pesimismo, un hecho se
ha adquirido: el mimo de los mimos habrá
enriquecido la Danza y la Comedia".
Tomado
De: El teatro, como texto, como espectáculo.
Ricard Salvat. Ed. Montesinos, España,
1988 |